Aún es viernes santo y estoy en casa viendo tv. Haciendo zapping di con un canal que no tengo en mi paquete de cable convencional donde acababa de empezar Midnight in Paris, de Woody Allen. Me enganché con la película, mejor dicho con el argumento.
La insatisfacción del protagonista con su presente hizo que me sientiera identificada completamente con él. Sentí que esa película no podía haber llegado a mí en mejor momento.
Sentí deseos de poder viajar al pasado como el protagonista, escapar a una época anterior y dejar todo lo que he conocido hasta ahora, crearme una nueva vida, ser alguien diferente.
Me asomé a la ventana de la sala cuando terminó la película y recordé la frase "a veces creo que nací muy tarde". Creí lo mismo en ese momento, pero no puedo irme a otro tiempo e inventarme un nuevo yo, debo lidiar con la realidad que me tocó vivir y reescribir mi historia aquí justo donde estoy parada ahora.
Este año creí que lograría muchas cosas y por primera vez me atreví a hacer algo que no acostumbro: planificar mi vida. Tenía muchos objetivos, muchas cosas por hacer y al final casi nada de lo que esperaba sucedió. La vida es así de mierda a veces, cuando andas por ahí sin la más mínima intención de nada, sin interés por lo que te rodea, te suceden cosas geniales. Cuando lo planeas todo, estás condenada a ver cómo se cae tu castillo de naipes con la más ligera brisa. Lección aprendida: si ser de una forma te ha funcionado bien por años, no pretendas de un momento a otro cambiar para lograr algo mejor. No siempre va a suceder lo que anhelas.
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