Hace algún tiempo, en algún momento de mi vida terminé con una moneda falsa en el bolsillo. No sé quien me la dio, no sé cómo no me di cuenta a tiempo, no tengo idea del momento exacto en que ese pedazo de metal inservible terminó entre mis cosas. Al percatarme de la presencia de ese objeto tuve la misma sensación de decepción, rabia, tristeza e incertidumbre que me causaron muchas veces las relaciones humanas cuando me di cuenta de que me vieron la cara de tonta. Me sentí decepcionada porque mientras yo entregaba monedas verdaderas alguien se aprovechó de mi buena fe y me entregó algo que no me serviría para nada. Sentí rabia porque la sola idea de que alguien se aproveche de mi buena voluntad me molesta muchísimo. La tristeza vino luego porque aquella era una prueba más de que en el mundo existen malas e inescrupulosas personas a las que no les importa hacer daño con tal de conseguir lo que quieren. La incertidumbre, al no saber qué hacer para deshacerme de esa montaña de sensaciones...
Quiero escribirlo... y ya.