Hace algún tiempo, en algún momento de mi vida terminé con una moneda falsa en el bolsillo. No sé quien me la dio, no sé cómo no me di cuenta a tiempo, no tengo idea del momento exacto en que ese pedazo de metal inservible terminó entre mis cosas.
Al percatarme de la presencia de ese objeto tuve la misma sensación de decepción, rabia, tristeza e incertidumbre que me causaron muchas veces las relaciones humanas cuando me di cuenta de que me vieron la cara de tonta.
Me sentí decepcionada porque mientras yo entregaba monedas verdaderas alguien se aprovechó de mi buena fe y me entregó algo que no me serviría para nada. Sentí rabia porque la sola idea de que alguien se aproveche de mi buena voluntad me molesta muchísimo.
La tristeza vino luego porque aquella era una prueba más de que en el mundo existen malas e inescrupulosas personas a las que no les importa hacer daño con tal de conseguir lo que quieren.
La incertidumbre, al no saber qué hacer para deshacerme de esa montaña de sensaciones no podría faltar, pues luego de esa experiencia esta pregunta rondaba por mi cabeza una y otra vez: ¿Y si yo hago lo mismo y le entrego esta moneda a algún desprevenido?
Pero lo que he aprendido a lo largo de mi vida, nunca fue en vano y cada lección me hizo crecer como persona y me ayudó a reafirmar quien soy y en lo que creo, entonces eso me hizo volver a pisar tierra y concluir en que si una vez me engañaron, sea de la forma que fuera, con una moneda falsa o no, lo podrán hacer cientos de veces, pero no por eso me volveré una estafadora, una mentirosa solo para desquitarme.
Ahora conservo esa moneda sobre mi cómoda porque es como algunas personas y me recuerda que así como ella hay y habrá muchas en mi vida. A simple vista puede parecer original y creería que puedo confiar en ella porque su valor en algún momento me puede sacar de apuros. Si no la miro con detenimiento puedo creer que es igual a las otras monedas del mismo valor, hasta que en alguna circunstancia o algún desconocido me haga notar la diferencia y ver la realidad.
A veces he pasado por esa misma experiencia con algunas personas. Pudieron parecer reales, auténticas, sinceras y buenas, pero llegó un momento en que pude notar su falsedad.
Hoy, aunque esa moneda no me sirve para nada, tiene un valor diferente para mí. Me recuerda que no siempre lo que veo a primera vista es bueno, a veces debo analizar, tomarme un poco de tiempo para mirar detenidamente algunas cosas y solo de esta forma podré evitar que me tomen el pelo de nuevo.
Les dejo una imagen de este pequeño objeto al que sin querer le he empezado a tener cariño.
Al percatarme de la presencia de ese objeto tuve la misma sensación de decepción, rabia, tristeza e incertidumbre que me causaron muchas veces las relaciones humanas cuando me di cuenta de que me vieron la cara de tonta.
Me sentí decepcionada porque mientras yo entregaba monedas verdaderas alguien se aprovechó de mi buena fe y me entregó algo que no me serviría para nada. Sentí rabia porque la sola idea de que alguien se aproveche de mi buena voluntad me molesta muchísimo.
La tristeza vino luego porque aquella era una prueba más de que en el mundo existen malas e inescrupulosas personas a las que no les importa hacer daño con tal de conseguir lo que quieren.
La incertidumbre, al no saber qué hacer para deshacerme de esa montaña de sensaciones no podría faltar, pues luego de esa experiencia esta pregunta rondaba por mi cabeza una y otra vez: ¿Y si yo hago lo mismo y le entrego esta moneda a algún desprevenido?
Pero lo que he aprendido a lo largo de mi vida, nunca fue en vano y cada lección me hizo crecer como persona y me ayudó a reafirmar quien soy y en lo que creo, entonces eso me hizo volver a pisar tierra y concluir en que si una vez me engañaron, sea de la forma que fuera, con una moneda falsa o no, lo podrán hacer cientos de veces, pero no por eso me volveré una estafadora, una mentirosa solo para desquitarme.
Ahora conservo esa moneda sobre mi cómoda porque es como algunas personas y me recuerda que así como ella hay y habrá muchas en mi vida. A simple vista puede parecer original y creería que puedo confiar en ella porque su valor en algún momento me puede sacar de apuros. Si no la miro con detenimiento puedo creer que es igual a las otras monedas del mismo valor, hasta que en alguna circunstancia o algún desconocido me haga notar la diferencia y ver la realidad.
A veces he pasado por esa misma experiencia con algunas personas. Pudieron parecer reales, auténticas, sinceras y buenas, pero llegó un momento en que pude notar su falsedad.
Hoy, aunque esa moneda no me sirve para nada, tiene un valor diferente para mí. Me recuerda que no siempre lo que veo a primera vista es bueno, a veces debo analizar, tomarme un poco de tiempo para mirar detenidamente algunas cosas y solo de esta forma podré evitar que me tomen el pelo de nuevo.
Les dejo una imagen de este pequeño objeto al que sin querer le he empezado a tener cariño.
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